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Mostrando las entradas de 2016

De lejos viene / Elsa Cross

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Cuando lo sepas quisiera ver tu cara.
Por que vas a saberlo
aunque no te lo diga
ni leas estos poemas.
¿Cambiará algo entonces?
Es imposible
que no adviertas aún mi turbación:
tanto desorden de miradas,
tanta avidez
registrando el más breve de tus gestos.
¿Y nada modifica tu indolencia?
Ah, íntegro varón, que Dios te guarde.
Pero voy a aclararte
en nombre de esta cólera
y a manera de agravio,
que si te amo
es seguramente por error.
has de saber
que nunca me gustaron ojos desteñidos
ni maneras solemnes,
menos aún cabello lacio y bien peinado
(y de la solemnidad líbrame Dios, libérame).
También has de saber que eres
demasiado sencillo para mi soledad,
demasiado humano para mi deseo,
demasiado lineal
para la arquitectura de este laberinto.
Pero ya basta: pido una disculpa.
Ocurre tal vez
que sólo seas un poco distraído.
Vendrá entonces de ti
el reconocimiento
o una sincera frase paternal.


Elsa Cross
De "El vino de las cosas"
Ediciones Era 2004

Desconexión

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Desconectada del mundo.  Las circunstancias, deseos, frustraciones de otros me llegan. Mientras los entiendo, me alegran, me atrevo a opinar y ofrecer lo mejor para todos (siempre); queda un espacio sin definición en el cual flotan un millón de pensamientos dispersos dirigidos a mi esposo, hija y círculo familiar cercano. 
Me encuentro en un momento de cambios, conflictos menores y una pizca de desesperanza. 
No son ustedes, soy yo.... El hámster en mi cabeza no deja de girar, no distingo entre lo que está bien o está mal. Etapas, etapas donde no terminas de encontrarte y hacer las pases con tu reflejo.
Por ahora, no busco consuelo...
No es una opción.
Taun Bb.

...Comprendí

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“…comprendí que no hay lugar más lejano adonde marcharse que irse al fondo de sí mismo, a ese final de mundo donde solo convive uno consigo mismo. Ahí me fui, a la espera de que mi corazón se rompiera o se hiciera de bronce”.
-Así en la vida como en los libros / Sael Ibáñez

Escudriña mis letras

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He tenido intención de escribir, muchos días... Eres un pensamiento constante; cada uno de ellos me tragué las palabras destinadas a tus ojos, a tu pensamiento y quizá de haber sido buenas a tu voz recitándolas como una oración para reforzar el vínculo que al pasar de los años vamos perdiendo.
Entonces por azares del destino nos vimos. La vida, por un instante se iluminó y te amé como el primer día, sin querer, pero con la certeza de que será eterno. Volvió la idea de escribirte algo «Hola, regresa, te amo, me estoy muriendo y quiero hacerlo a tu lado». Suena muy desesperado aún siendo real. Opté por beber para olvidar, olvidarte. Ya no caigo en la tentación de marcar tu número a deshoras, es una vieja costumbre que aún me cuesta mucho reprimir.
Ha pasado el fin de semana largo y deshidratado. Hoy te escribo, me dejo llevar y me encanta fluir con tu recuerdo.
Ya no somos los mismos, pronto me reduciré a un montón de recuerdos y palabras calladas. Vuelve a leerme, escudriña mis letras…

Vacío

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Se puede estar tan vacío que al cerrar los ojos y observarse detenidamente el espacio puede ser interminable. La soledad interna es apabullante y no existe persona o propiedad capaz de disiparla; se respira con dificultad, los sueños se tornan intranquilos y aquello que solía darnos placer ahora nos toca sin llegar a aquellas fibras internas que antes vibraban al menor roce o pensamiento.

La amargura es una intensa pasajera, se instala de a poco hasta cubrir por completo el pasado y futuro inmediato.

Carta

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Yo, sí -¿Pero y la estrella de la tarde, que subía y descendía de los cielos cansada y olvidada? ¿Y los pobres, que golpeaban las puertas, sin resultado, haciendo vibrar la noche y el día con su puño seco? ¿Y los niños, que gritaban con el corazón aterrado?: "¿por qué nadie nos responde?" ¿Y los caminos, y los caminos vacíos, con sus manos extendidas inútilmente? ¿Y el santo inmóvil, que deja a las cosas continuar su rumbo? ¿Y las músicas encerradas en cajas, suspirando con las alas recogidas?
¡Ah! –Yo, sí –porque ya lo lloré todo, y despedí mi cuerpo usado y triste, y mis lágrimas lo lavaron, y el silencio de la noche lo enjugó. Pero los muertos, que enterrados soñaban con palomas ligeras y flores claras, y los que en medio del mar pensaban en el mensaje que la playa desplegaría rápidamente hasta sus dedos... Pero los que se adormecieron, de tan excesiva vigilia –y que yo no sé si despertarán... y los que murieron de tanta espera... -y que no sé si fueron salvados.
Yo, sí.…

Fiesta

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Todos mis amantes volvieron hoy a visitarme
La polifonía comenzó con el alba y seguí sus pulsaciones:
Me desplegué sobre sus líneas verticales o redondas
Los aceché con mi lengua
Las bocas se multiplicaron en medio de los sexos danzantes
Los dejé encallar en mí delta
O deslizarse por el cuerpo inventado a sus caprichos.
Navegaron sin tropiezos en las aguas que me sostenían
Curvaron en mis ondulaciones
Jugando a sofocarme en sus corrientes
Y me abrían el hambre de más olas.

¡De pronto
Mis amantes sintieron pánico
Soltaron las ganas
Salieron de escenas!

Desperté
con el cuerpo molido
detrás del escaparate.

Poemas de Hincaduras / Dalia Margot Baptista Araujo
Publicado por bid & co. editor en 2013 en la ciudad de Caracas, Venezuela

Volver contigo

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-No tenía de dónde escoger. Eras tú o Nadie. Por esa razón hui con Nadie. Al menos cuando terminé con Nadie me ofreció una alternativa: volver contigo.


Fuente: Crónicas de olvido

Bailar en la cueva

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Mi cuerpo al tuyo y el tuyo al mío.
Los dos bebiendo
de un mismo aire.
El pulso latiendo
y el muslo aprendiendo a leer en Braille.

Bailar,
como creencia, como herencia, como juego.
Las sombras en el muro de la cueva,
girando alrededor del fuego.

La música bajo los árboles
y nos siguió por las llanuras.
La música enseña, sueña, duele, cura:
Ya hacíamos música muchísimo antes de
conocer la agricultura.

La idea es eternamente nueva:
Cae la noche y nos seguimos juntando a
bailar en la cueva.

Bailar, bailar, bailar, bailar!

Me guías o te guío yo?




Jorge Drexler / Bailar en la cueva



Otro día nefasto

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Subí las escaleras, dejé la taza en la mesilla que había junto a mi cama y me metí debajo del edredón sin desvestirme. Amontoné las almohadas y estiré la mano para coger el té. Cuando el líquido caliente y dulce llegó a mi torrente sanguíneo me di cuenta de lo fría y vacía que me sentía.
Estaba muerta de cansancio, pero no podía cerrar los ojos. Así que me quedé allí sentada toda la noche, tapada hasta el cuello con el edredón, hasta que la luz entró a través de las cortinas. En algún punto entre el sueño y la vigilia, mi cerebro registró que acababa de comenzar otro día nefasto.

Título original: Numbers
Rachel Ward, 2011

Un poco contigo, y en gran parte sin mí.

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Por alguna extraña razón se han archivado nuestras antiguas conversaciones, las bromas, tus verdades incómodas, mis burlas y ese «todo» que fuimos.  ¿Sabes qué me cuesta más que aceptar que perdí? Me duele descubrir que es evidente que no te supero, estás pero no; al mismo tiempo, es muy cruel darme cuenta que te extraño, tanto que no puedo expresar lo que me duele en este momento.  Cuan diferentes seríamos de haber seguido por el mismo camino.  He llorado un poco al leerte como antes, ese compadrazgo que teníamos no lo he podido igualar, me quedé un tanto hueca, deje de confiar como solía. Eras un sol, alegrabas mi vida y sé que me querías más de lo fuiste capaz de admitir.  ¿Haz notado lo grande que nos vemos, lo poco que sonreímos al coincidir? Disculpa la frialdad de la última vez, sentía el corazón palpitar justo bajo mi lengua y me puse seria, tensa, quizá un poco naranja; como una hoja a punto de abandonar la rama que le da vida. Solíamos fluir tan bien juntos, aún siento que …

Y, nada...

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Existen muchas maneras de correr hacia la nada; entre todas ellas mi favorita y por ello recurrente es adentrarme en un mundo que no me pertenece. Hundirse en unos brazos firmes, piel cálida y el palpitar musicalmente acorde con el momento, es delicioso.

Cosas mudas

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Tengo un jodido miedo de todo. Tengo miedo de no llegar a nada en la vida. Tengo miedo de que (...) muera. Tengo miedo de no tener a nadie a quien poder llamar por teléfono. Tengo miedo de que tú me dejes.

Estoy en mi cuarto y dentro solo hay cosas mudas. Nadie con quien hablar. Los libros están mudos, porque resulta que además no hay ningún Soñador que me explique nada o me convenza de que me podrían gustar. Los cómics están mudos, a pesar de sus colorines. El equipo de música está mudo, porque no tengo ganas de encenderlo. El PC está mudo, porque esa pantalla tan profunda que puede contener el mundo entero, si la miras de perfil no es más que una pantalla plana. Y te preguntas cómo consigue contener tanto mundo, tanto mar, con lo plana que es. Hoy todo está mudo en mi cuarto. Pero no quiero huir. Quiero resistir. Hoy en mi cuarto la tristeza entra a oleadas. Trato de atajarla con una esponja. Doy risa. Resisto unos minutos, luego el miedo asciende, y soy un náufrago en medio de un o…

Hoy no

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Todos somos el mismo hilo, a veces hecho nudos, otras simplemente tendido a  una sola vista; simple, hermoso, corto como la vida misma. 
Pero hoy no.

Taun We

Jodidamente irreparable

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A veces no sientes atracción física hacía alguien, sino sentimental. Te enamoras de su alma y eso es jodidamente irreparable.



Me pasó hace años. Y es una pena que una persona tan bella camine  por ahí sin una parte de esa alma que decidió quedarse conmigo, al tiempo que lo dejó medio vacío, medio vivo... medio amando a otras personas. Y a mi esperando.

Taun We

Le sonreí

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Le sonreí, llena de dolor, pero dentro de ese dolor acababa de descubrir algo muy importante. Él se había trasformado ahora en la persona que yo más quería en el mundo.

Mi planta naranja lima.



La llevo muy mal

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Soportar ese dolor constante por tanto tiempo es realmente agotador, aún cuando no es tuyo, se siente muy real. Dormir a su lado me ha orillado a inventar una rutina noctámbula singular. Mis neuronas espejo me juegan una pasada, sufro más que él mientras duerme y olvida un poco, a veces así lo siento, soy puro egoísmo. Pero a mi favor pondré de escudo mi empatía a prueba de sermones.
La llevo muy mal. No poder calmarlo, aún intentando todo lo posible. Descubrir con un poco de asombro que el amor no lo cura todo, sino que lo empeora y te hace llorar en silencio cada noche, preguntarte por que a la persona que más amo, admiro y justo siento que no puedo vivir sin su hermosa compañía le aqueja, lo que sea que le pase, aún no hay diagnóstico, aunque si muchas esperanzas.
Hay muchas maneras de sobre llevar lo malo; la mía es nadar entre lágrimas por las noches, y al amanecer seguir tirando de la esperanza, de las sonrisas, de sus caricias y de este nudo en la garganta ni hablar... cantó p…

Verano que pinta...

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Algunos cuerpos tienen tantos puntos por unir, y mi piel es una de ellas. Descubro uno nuevo cada día, me impresiona el silencio, la rapidez y la forma de cada uno; tan parecidos y diferentes. Tan irritantes y queridos al mismo tiempo. Supongo que son un recordatorio de lo diferente que soy. Me hacen insistir en la idea de que tal vez guardan alguna simetría, toman turnos para aparecer y quedarse, porque hasta hoy no he notado que alguno haya  decidido borrarse sin más
Es evidente que este verano me ha tomado bastante mal, tanto como para pasar las tardes observando los trozos de piel que aún servirán de lienzo; y mientras me pregunto el por qué de esto, y de mil cosas que giran en mi cabeza, me pondré pinta.

Estrellada, ingrato

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Antes, muy de niña miraba el destino de frente. Colgada de aquella cerca, protegida bajo la sombra de un par de manzanos la vida parecía más fácil de la que me habita hoy. Antes lo planeaba y trataba como algo manipulable (ingenua). Últimamente el me analiza de pies a cabeza, saca su lista para "palomear" o cancelar con una cruz mis aciertos o faltas. El destino es cruel, mucho. La lista parece un cementerio de deseos, anhelos, sueños y "quizás" convertidos en nada. Enterrados por mi memoria, descartados por falta de entusiasmo y llorados en silencio mientras se desgarra mi corazón. Hilachas avejentadas cuelgan de el y a la vez estas sostienen a cinco, esas últimas personas que siguen conmigo y puedo contar con una mano, justo y preciso; mientras la otra me abofetea una, otra y otra vez sin lograr despertarme de este hastío agotador que me mantiene anclada a mi bunker esperando (por primera ocasión) no salvarme de mi guerra personal, interior y «sencilla».
Tan sim…

Esta Mañana

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Una real y absoluta pesadilla volver adentrarme en aquella casa de madera que habité en una parte de mi infancia, lejana y presente, a la vez, dolorosa y feliz. 
Terror volver a pisar aquel piso mugriento, roído de ratas, avejentado. Que volvieran a mi los ruidos nocturnos, los sollozos y suspiros lanzados a media noche como una oración que pedía solo avanzar hacia otros horizontes. Las monedas ganadas con tanto esfuerzo que rodaban hasta caer por las rendijas entre madero y madero para luego precipitarse a la oscuridad, esa sobre la que se tendía aquel hogar improvisado;  refugio después de nuestra extraña salida del hogar real, el primero... el que siempre extrañaré.

Dos secciones la conformaban, una pequeña cocina y una habitación un poco mas grande que perdía el encanto cuando la llenaban camas individuales para los "lepes" y la matrimonial para mis padres. Aunque esto nunca fue así, pues la mayor parte del tiempo fueron compartidas por amigos, familia y visita que de for…

No sé si las estrellas sueñan...

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«No sé si las estrellas sueñan o deciden nuestro destino, creo sí que nuestro destino es impredecible y azaroso como los sueños. Por eso las mujeres y los hombres de nuestro tiempo aún temblamos cada mañana cuando el mundo se ilumina y nos despierta».

    Ángeles Mastretta, EL MUNDO ILUMINADO

Agonía fuera del muro

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Miro las herramientas,
El mundo que los hombres hacen, donde se afanan,
Sudan, paren, cohabitan.

El cuerpo de los hombres prensado por los días,
Su noche de ronquido y de zarpazo
Y las encrucijadas en que se reconocen.

Hay ceguera y el hambre los alumbra
Y la necesidad, más dura que metales.

Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra
Que todavía la especie no produce?)
Los hombres roban, mienten,
Como animal de presa olfatean, devoran
Y disputan a otro la carroña.

Y cuando bailan, cuando se deslizan
O cuando burlan una ley o cuando
Se envilecen, sonríen,
Entornan levemente los párpados, contemplan
El vacío que se abre en sus entrañas
Y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.

Yo soy de alguna orilla, de otra parte,
Soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,
Gente a quien compartir es imposible.

No te acerques a mi, hombre que haces el mundo,
Déjame, no es preciso que me mates.
Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren
De algo peor que vergüenza.
Yo muero de mirarte y …

Efectos Secundarios

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Es correr de una habitación a otra dentro de tu cabeza... caer, caer y seguir en vuelo por mucho rato o hasta que descubres las manchas en la pálida pared que te muestran una nueva historia.

Encontrar que has estropeado algo nuevo, o de mucho tiempo atrás... solo recordar que te equivocaste y aun intentando reparar la parte de mundo que te tocó, no lograr sino volverlo de cabeza y huir a ninguna parte, lejos de ti y del planeta; hastiada, hasta nuevo aviso.

Despertar teniendo la certeza que será mejor y no conseguir descifrar el juego que todos ganan, menos tú. Es controlar la prisa de no hacer nada tumbada en la cama y aun así nunca terminar de planear el futuro; tomada de las manos del destino, creer que hay algo mas bajo esas gafas oscuras que te miran fijamente y no puedes superar...
Taun.

Esperanzas y utopías

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Sobre las virtudes de la esperanza se ha escrito mucho y parloteado mucho más. Así como sucedió y seguirá sucediendo con las utopías, la esperanza ha sido siempre, a lo largo de los tiempos, una especie de paraíso soñado de los escépticos. Y no sólo de los escépticos. Creyentes fervorosos, de los de misa y comunión, de ésos que están convencidos de que llevan sobre sus cabezas la mano compasiva de Dios defendiéndolos de la lluvia y del calor, no se olvidan de rogarle que cumpla en esta vida al menos una pequeña parte de las bienaventuranzas que prometió para la otra. Por eso, quien no está satisfecho con lo que le cupo en la desigual distribución de los bienes del planeta, sobre todo de los materiales, se aferra a la esperanza de que el diablo no siempre esté detrás de la puerta y de que la riqueza le entrará un día, más pronto que tarde, por la ventana. Quien todo lo ha perdido, pero tuvo la suerte de conservar por lo menos la triste vida, considera que le asiste el humanísimo derech…

El peso de su ausencia

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Uno de los efectos del enamoramiento loco y obcecado es que anula los sentidos para percibir lo que acontece a tu alrededor. Corta al ras la sensibilidad, la capacidad para la percepción.  Te obliga a concentrar tanto la atención en un ser único que te aísla del resto del universo, te aprisiona dentro de una coraza y te mantiene al margen de otras realidades aunque éstas transcurran a dos palmos de tu cara. Cuando todo saltó por los aires, me di cuenta de que aquellos ocho meses que había pasado junto a Ramiro habían sido de tal intensidad que apenas había tenido contacto cercano con nadie más. Sólo entonces fui consciente de la magnitud de mi soledad. En Tánger no me molesté en establecer relaciones con nadie: no me interesaba ningún ser más allá de Ramiro y lo que con él tuviera que ver. En Tetuán, sin embargo, él ya no estaba, y consigo se habían marchado mi asidero y mis referencias; hube por ello de aprender a vivir sola, a pensar en mí y a pelear para que el peso de su ausencia f…

Tren al abismo

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—Mamá, ¿allá atrás se acaba el mundo?

  —No, no se acaba.

  —Demuéstramelo.

  —Te voy a llevar más lejos de lo que se ve a simple vista.

Lorenzo miraba el horizonte enrojecido al atardecer mientras escuchaba a su madre. Florencia era su cómplice, su amiga, se entendían con sólo mirarse. Por eso la madre se doblegó a la urgencia en la voz de su hijo y al día siguiente, su pequeño de la mano, compró un pasaje y medio de vagón de segunda para Cuautla en la estación de San Lázaro.

  Que la locomotora arrancara emocionó a Lorenzo, pero ver huir el paisaje en sentido inverso, despidiéndose de él, lo llenó de asombro. ¿Por qué los postes pasaban a toda velocidad y las montañas no se movían? Nada le preocupaba tanto como la línea del horizonte, porque seguramente llegarían al fin del mundo y caerían con todo y tren al abismo. Cuando se iba acercando a la parte más alta de la montaña, Lorenzo se levantó varias veces del asiento. «Allí viene el barranco; ahí se acaba todo». En los ojos del niñ…

Adiós

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...dije adiós en voz baja y di media vuelta para marcharme, me costó un esfuerzo infinito dar los cinco pasos que me separaban de la puerta giratoria. Cuando llegué al sitio en el que nos habíamos besado bajo la lluvia me quedé ahí parado más tiempo que en ningún otro lugar, recordando cómo ardían tus labios al tocar los míos y lo mal que estaba aquello pero lo bien que sentaba, y luego me largué.
Nubes de ketchup Annabel Pitcher

Luna Menguante

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Ser el humo del cigarro que sostienes con la mano y que aspiras por segundos de vez en vez .Eso debe ser tan mágico, increíblemente trágico cuando exhalas ese humo al aire.
Me imagino casi con seguridad que la noche junto a ti es desgastante, que tocarte es quizá como entender así de pronto el universo; y no bastan cien vidas para olvidarte, permanecer eternamente como luna menguante. Ser la risa que te envuelve en instantes, de repente, y que te hace parecer tan infantil. Ser el aire que respiras o el paso que caminas; no me importa mucho lo que pueda ser.
¡Quizá sea igual yo para ti, no me cuesta divagar!

B.I/J.Ch

La dejas marchar

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(...)

Mirando fijamente el fondo de tu vaso,
esperando el día en que hagas durar un sueño,
pero los sueños llegan despacio y se van tan rápido.

La ves cuando cierras los ojos,
tal vez un día entenderás por qué
todo lo que tocas, de seguro que se muere.

Bien, solo necesitas la luz cuando se está consumiendo,
solo echas de menos el sol cuando empieza a nevar,
solo sabes que la quieres cuando la dejas marchar.
Solo sabes que has estado bien, cuando te sientes de bajón.
Solo odias la carretera cuando echas de menos tu casa,
solo sabes que la quieres cuando la dejas marchar.

Mirando fijamente al techo en la oscuridad,
el mismo sentimiento viejo y vacío en tu corazón
porque el amor viene despacio y se va tan rápido.

Bien, la ves cuando te quedas dormido,
pero nunca para acariciar y nunca para quedarse,
porque la quisiste demasiado
y te zambulliste demasiado profundo.

Bien, solo necesitas la luz cuando se está consumiendo,
solo echas de menos el sol cuando empieza a nevar,
solo sabes que la quieres cuando la deja…

El calor que la primavera te negó.

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Llegan a tu vida personas que te brindan el calor que la primavera te negó,
sales de un enfrascado sentimiento y parece fácil mirar atrás cuando alguien sostiene tu mano.

Antes de darte cuenta estas tendida en una cama ajena, pensando en que algo te detenía
pero ya no sabes que fue...

Hay personas que entran en tu vida con el pie derecho, se cuelgan de tu sonrisa y no la sueltan jamás.

Vienen y van, permanecen a tu lado o en tu cabeza; son de esos pocos individuos que tienen el poder de curar con palabras y alguna caricia fugaz.