Tú, espacio vacío

 
Quería tenerle a mi lado de la manera más egoísta que se puedan imaginar. Él con su vida, yo jalando la mía, esa que me había forjado antes de conocerle. Y cuando el tiempo lo permitiera y estuviéramos dispuestos compartir esos fragmentos que completaban y expandían mi realidad, como ninguna otra persona había logrado hacerlo. 
Quizá al principio por la insensatez de nuestras edades parecía algo factible y con un esfuerzo extra, salvable. 
Lo que no previmos fue que el extra se convertiría en una tortura, un pensar constante de como y cuando, para al final solo terminar diciendo no; hoy no se puede, mañana tampoco. Y la agenda vacía se llenaba de quehaceres y deberes que terminaron por echar lo nuestro -que bailaba desde el principio al filo del abismo- a la profundidad.

Y hoy, que te extraño y puedo admitirlo... decirlo en voz alta y no solo guardármelo; llegan a mi los innumerables encuentros, las risas y ese espacio vacío que sentía en mi interior justo segundos antes de ver tu hermosa cara sonriéndome para luego chocar nuestros labios y componer esa pequeña rutina, que era un extraño rompecabezas dentro de mi, con sus piezas rotas y todo, pero al final nuestro.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Jodidamente irreparable

Preguntas, preguntonas....