A media vida



Entré en la habitación, con aquella prisa que me caracteriza y al verlo parado frente a la ventana, pasivo, con aquellos ojos cafés vidriosos a punto del llanto me di cuenta que algo no andaba bien. Miraba fijamente a través de la ventana, como si media vida se le fuera de repente.
Me acerqué lentamente para no sorprenderlo y sacarlo así de pronto de aquel pensamiento profundo en el cual se sumergía en silencio. Me parecía  verlo nadar en miles de fotografías viejas que le recordaban alguna cosa, idea, persona, canción, beso o situación que creía olvidada y de pronto surgía para tomar su lugar en el enorme tablero llamado presente. Se le juntaban los porqués, los comos y las horas que tendría por delante no le alcanzaban para cubrir todo lo que dejó pendiente.
Cuando por fin mi mano rozó su brazo, se desvaneció tan de prisa que no me dio tiempo de tratar de detener la caída. Lloraba desconsolado. Me parecía irreal la escena, como un hombre de su talla se rompía sin meter las manos, sin palabras...

Entradas más populares de este blog

Jodidamente irreparable

Preguntas, preguntonas....