Agosto, liviano como plumas.






Agosto se nos va, pisa el acelerador y retrocede como lo marcan las reglas establecidas, se une a las filas de nuestro pasado inmediato. Tibios y casi palpables, los recuerdos vuelven, como si los estuviéramos viviendo una vez más. Se aleja un tiempo casi vacío de emociones, liviano como plumas, perdurable como un buen beso. Aun puedo sentir que floto dentro de una burbuja, alejada de todos, distante de lo importante y sola, rodeada de un mundo de piedra y lodo, que todo lo destruye o lo ensucia. Regalé otra parte de mi corazón, un almacén enorme en mi memoria se ha colmado de su presencia y el aprendizaje comienza a fluir al tiempo que archivo, con resignación, lo que fuimos. Tengo el trabajo del mundo sobre los hombros, el empeño en olvidar se hace presente, una tierna voz me impulsa y me siento lista para continuar. Dicen que "en días de lluvia, el sol es un intruso" y justo hoy no quiero que se pierda el temporal... aun espero que el cielo caiga, que la lava de mi interior brote sin remedio; quizá que una palabra cierta y fugaz llegue a mi móvil e indique el final de este cuento que se niega a partir del puerto del "tal vez", al cual lo atán algunos frágiles puntos suspensivos.


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