Ángel



Estábamos frente a frente, nuestras miradas se cruzaban y recuerdo una sonrisa; no sé si la vi en sus labios o era mi sonrisa reflejada en sus lindos ojos cafés. Un ángel, en toda la extensión de la palabra, herido pero no por ello menos hermoso. 

Un abismo se abría entre nosotros conforme sanábamos nuestras heridas. Su lengua era mágica, su boca dulce como ninguna y tanta sal emanada por mis poros le daba sabor al encuentro. 

Irremediablemente la distancia comenzó hacerse presente. En algún punto solo rozábamos nuestras palmas de las manos como si de ello dependiera el futuro -nos aferrábamos aun-. Después fue su dedo índice el que me brindaba calor... y la sonrisa se perdía, hasta desaparecer por completo.

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