El placer es tuyo (II)

Carretera a Creel.

Llegaron pronto los días de verano; demasiadas ideas cruzaban por nuestra cabeza. el quería viajar a unos cuantos pueblos cercanos y dejar de escondernos, era su fantasía. Yo quería largarme igual, pasar los días en encierro total en algún motel, salir a pasear por las tardes y beber, beber hasta perder la razón. Esta parte última le daba risa, creo que nunca se lo tomó en serio y evidentemente el nunca lo hizo, me cuido todo el tiempo que permanecimos juntos;  no podía dejar de sentirme acompañada y protegida.


En cuanto el tiempo se  presto tomamos un par de mochilas, algunas provisiones y el jeep que consiguió prestado con una de esas viejas que se dejaban, como el decía, jamás me dijo sus nombres e incluso a mi me parecía que no era necesario saberlo. Ellas necesitaban amor, pasión, galantería o algo de atención; lo obtenían y pagaban gustosas por ello, si yo lo hubiera tenido que hacer y contara con la plata no lo hubiera pensado dos veces. Era una buena transacción y parte de las ganancias solo por compartirlo lo gastaba en mi, en nosotros en nuestro placer y gustos.

Fuimos a dar a un pueblo casi olvidado, al llegar nos veían de una manera extraña, no escrutaban a cada paso, un trío de ancianos sentados afuera de sus casas murmuraban sobre como lucíamos, podíamos sentirlo por las miradas penetrantes y las mujeres lo evidenciaban a un mas cuando cubrían su boca para reír "agustito" decíamos en tono de broma, pero al final fue molesto.

Comimos algo a prisa y emprendimos la huída, no fue nada agradable... en la ciudad nos perdíamos con facilidad y aquí era simplemente imposible ocultarnos, nos sentimos incómodos, por eso al salir de la tiendita y cuando parecía haber reunión general, él me tomó fuertemente al tiempo que brinqué en zancada sobre su cadera y nos besamos lo más efusivamente posible. Teníamos que vengarnos de algún modo, no creo que ellos hubieran echo eso alguna vez así que mínimo creímos haberlos dejado con las ganas. El espectáculo terminó, volteamos con una sonrisa mientras murmuraban con tremendos ojotes, nos subimos al jeep y les dije adiós con un leve movimiento de mi mano y emprendimos nuevamente el viaje. Nos reímos por un buen tramo, luego la noche nos alcanzo, las luces se encendieron y el silencio reino por algunas horas.
Barrancas del Cobre

*Fotos de Chavez

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