El placer es tuyo (I)


El caudal entre mis piernas llego después de algunos minutos de un excelente trato y contoneo. Mis rodillas, una a cada lado de su cadera, y su sexo dentro de mi que latía, quemaba y todo lo llenaba me anegaban de pasión, parecía viajar sin rumbo sobre una balsa que pronto se hundiría y me haría derrumbarme sobre su pecho tibio. 
De vez en cuando me susurraba un detente, a lo cual hacia caso inmediato; el aprovechaba para besar cada uno de mi pezones erectos. Mis ojos claudicaban un momento y me iba a divagar a un lugar muy lejos de todo lo que había conocido, era agradable, dulce, y el sabor se colaba a mis labios cual miel recién recolectada del panal, no podía dejar de lamer mis labios, morderlos del placer que me brindaba. 
Aquello era un carnaval sin caretas, al menos no desagradables y tan evidentes; se volvió pronto en mi parte favorita de la semana, del mes; dependiendo del tiempo libre que tuviéramos. Creo que incluso algunos días fueron tan continuos los encuentros que parecíamos una pareja "real". Teníamos las cenas mas espectaculares y románticas que pueda recordar, el vino era delicioso, y su compañía parecía mejorar. El cariño era evidente, no discutíamos, íbamos y veníamos; la música siempre logró unirnos y cantábamos al unísono por largo tiempo o hasta que alguno equivocaba la letra y rompíamos en risa loca y burlas.


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