Arriba, ahí si hay un Dios.




No puedo respirar, otra vez a punto de morir e irónicamente a pesar de todo lo dicho anteriormente no deseo que acabe así. El agua cae lentamente en el lavabo al tiempo que una nutrida nube de vapor se eleva hasta el cielo; mi rostro luce pálido en el reflejo que muestra el espejo y que poco a poco es opacado por el vaho. Me refresco la cara con tanta agua como mis manos son capaces de acumular, una y otra vez. No dejo de pensar por que a mí y pesadas lágrimas comienzan a rodar y mezclarse con el líquido caliente. Cierro la llave doy un paso atrás al tiempo que mi vista se nubla, mis pies comienzan a flotar y parece que pierdo peso conforme me elevo; una enorme paz me llena y lo ocupa todo, suplanta los malos sentimientos, la desdicha y parece soldar poco a poco mi corazón. Miles de fragmentos toman forman, uno a uno hasta que late nuevamente mientras sigo elevándome lentamente sin desear regresar.

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