Otro Momento



Hace mucho no me sucedía...

Me recosté en la cama muerta de cansancio y me quede mirando fijamente una hermosa estrella que alumbraba a lo lejos; no sé por que pero parecía amanecer rápidamente mientras me perdía en el recuadro de la ventana con las cortinas abiertas.

Al fin me rendí, y llegue a esa puerta metálica con unas cortinas añejas cubriendo el cristal; sabía que había pasado por ahí en algún punto del pasado. El árbol frente a ella también parecía reconocerme mientras movía sus hojas levemente. No sentía mis pies y aun no sabia en donde me encontraba pero no recuerdo haber tenido ni un poco de temor por lo que pudiese suceder. Llego alguien y abrió la puerta, que nos dio la bienvenida con un leve ruido.

Adentro parecían no notar mi presencia. Tengo pocos recuerdos de esa habitación dividida en dos por una leve cortina semi-transparente.
Frente a la puerta una cama matrimonial pegada a la pared se mantenía desordenada, como si alguien a penas estuviera dejando vacío el hueco formado por las cobijas y sábanas aún tibias.

Por fin lo vi, un hombre pasa a mi lado -y no diré su nombre aunque le he reconocido de inmediato-, parece tener prisa y al tiempo que cruza la cortina divisoria me acerco hasta alcanzar a distinguir del otro lado... una mujer camina perezosamente por lo que seria la cocina; un refrigerador, estufa y un mueble de madera opaca con algunos utensilios decoran el  pequeño lugar; la mesa al centro con un plato y todo lo necesario para preparar té, café o similar.

Los colores no brillan ni tienen un encanto especial, ellos simplemente están ahí adheridos a las cosas como condenados a pasar sus últimos días sin pena ni gloria.

Una conversación se deja escuchar. Es muy raro estar aquí, y ese olor dulzón en el aire que empalaga -pienso, al tiempo que trato de entender que esta pasando.
Él busca algo para comer en el enfriador, sostiene un recipiente mientras la mujer señala no tener lo necesario y se detiene, luego camina lentamente y hace una seña de silencio al hombre que la mira con extrañeza.
Como un animal en plena caza sigue mi rastro y quedamos a escasos centímetros; un movimiento brusco me hace retroceder mientras escucho vociferar palabras altisonantes en dirección a mi cuerpo. La cortina se mueve dejando al descubierto aquel cuerpo pequeño, con mirada lunática y pies enfundados en pantuflas moteadas bajo una capa de polvo. Él trata de detenerla, parece demasiado turbada. En un instante la puerta se abre inesperadamente sorprendiendo y haciendo retroceder a la pareja. La luz me llama, casi amanece, no puedo ver nada más que un color pardo brillante.

Despierto sobre mi cama, nadie me acompaña y pienso en escribirlo...



Comentarios

kofhy N dijo…
App… tiene sentido ¬¬

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