Autopsia a el alma


La vergüenza disminuye mientras escribo estas letras que no esperan nada más que guardar y mantener esto lejos del olvido; y por esta razón me aventuré a seguir mis impulsos y cerrar mi razón, acallar y sofocar la vocecilla dentro de mí que me decía que no continuara. Hoy a vuelto con más potencia haciendo presente la firme idea «según ella» de que fue un error -digo, sólo para no variar-, aunque no me arrepiento de nada.



El imán en tus labios surtió efecto sobre los míos que jugueteaban mientras nuestras lenguas se exprimían haciendo un hueco por demás placentero en mi estomago hasta llegar a mi vientre; un cosquilleo, unas ganas de tenerte más cerca y conectado a mis sentidos.


Buscamos un lugar alejado y tranquilo para despojarnos de la ropa, terminé desnuda en un corto tiempo mientras me negaba a seguir. Eso si, sin muchas ganas de oírme y detenerme para salvarme de un pecado más en la enorme lista que seguramente aguarda para ser leía en mi ya anunciado final.

Bueno, como he dicho desnuda sobre aquel cómodo lugar sentía tu piel tibia rozar levemente la mía. No podía emitir palabra alguna que no condujera a sonar enfadosamente romántica y encantada por el tiempo compartido; las palabras eran mordidas y detenidas por mi lengua para ser tragadas y no echar a perder o acrecentar la emociones desbordadas dentro de mi alma; ah, si pudiéramos hacerle una autopsia a mi alma sabrías cuan grande es mi amor en tu presencia.



 

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