Demasiado Simple

Él  tiene un brazo para levantarme cuando en el fango me pierdo, no tiene ojos llenos de egolatría, ni piernas calientes en la madrugada. Su estatura varía tanto como el sentimiento que logró implantar en mí; es tan mínimo que puedo ignorarlo en momentos llenos ofuscación y en otras ocasiones es tan inmenso que logra inundar mi mundo de su presencia, de su hermosa creación, de sus tenues colores instalados en pequeñas flores, en enormes árboles, en una brillante luna de abril.

Ese ser es todo y en raras ocasiones reconozco que se olvida de mi presencia; aunque a veces me siento una hormiga más en la fila, cansada, cargando una enorme hoja y siguiendo una línea, caminando y avanzando solo por hacerlo. Cuando me encuentra  abrumada por la soledad aparece en una brisa cálida que acaricia mi piel haciendo bailar mi cabello a su compás, diciendo palabritas al oído que resumidas y en un extraño idioma representan el amor más puro jamás mostrado.

Me ha encontrado a punto de saltar al abismo y jalando de mis ropas me mantiene suspendida, recapacitando para luego dejarme caer de golpe en tierra firme, arrepentida; y sin emitir palabra se desvanece nuevamente. Nunca le he reconocido un gesto de enojo  pero sé que al igual que a mí suele inundarlo un enorme sentimiento de tristeza y desolación.

Está en mi interior, entre las líneas de un poema, en la melodía de la tarde e inevitablemente pienso en él cuando una estrella parece brillar más que las otras. De alguna manera se las arregla para que sienta su cuidado y poder para mantener todo en su lugar. Desconozco su verdadero nombre, es tan simple que ni siquiera sé si me reconoce como algo más que un sueño, una idea o una extraña ocurrencia. Él representa la parte "buena" en mí,  esa que  desvaloré, la que aparece  en el momento más inoportuno, la que creí olvidada en algún rincón de mi infancia y pocas veces me atrevo a reconocer como  real, como algo que inevitablemente/afortunadamente estará en mí.

Comentarios

Anónimo dijo…
Y te envía soplos de fuerza, otras veces de luz, y cuando la melancolía te inunda te reconforta con caricias en tu piel besada por la brisa.

Es él, ese que te cuida y vive pendiente de tí... que no te abandone.

Un beso,

Saudades
Lucía dijo…
Bonitas palabras. Siempre hay algo, o alguien, que nos da fuerzas para seguir cuando todo lo demás está nublado.
Gracias por tus comentarios.
Besos
Ricardo Miñana dijo…
Muy bonito el escrito,
Un placer pasar por tu casa.
que tengas un feliz fin de semana.
un abrazo.
DragShot dijo…
Mmm... muy buenas letras. Parece que hablaras de cierta parte de ti que no conoces bien (algo así como que fueras de doble personalidad: dos seres en un mismo cuerpo). Un placer leerte de nuevo.

Saludos ^^.
Yessi dijo…
Tus palabras son muy sentidas y hermosas...y ojalá nunca pierdas aquello que te da esa fuerza.

Un fuerte abrazo.
Alexandro dijo…
Que bueno que tienes a esa fuerza a tu lado, o más bien dentro de ti.
Saludos.
Tu blog está cada vez más bonito, oyes. jejeje.
Creo que esa fuerza está dentro de tí para acompañarte siempre, para darte magia, luz y caricias en el alma. Bellísimo texto. Un abrazo.

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