Impaciente



Trataba de alcanzar un vaso de vidrio en la gaveta de la cocina cuando de pronto sentí que alguien se me acercaba por detrás y pegaba su cuerpo contra el mio, haciéndome presionar con fuerza la madera dura de los muebles. Aún con mi brazo alzado me comenzaron a murmurar palabritas incomprensibles al oído. Apoyé la cabeza sobre el brazo cerrando los ojos para entender la pregunta que me habían formulado. No alcance a responder y un bombardeo de apasionados besos atacaba mi cuello.
Estaba realmente encantada cuando de pronto me obligaron bruscamente a dar media vuelta, soltando de mi mano el vaso. Abrí los ojos al tiempo que el recipiente se estrellaba contra el piso, regando miles de fragmentos por todos lados.
Una vez cara a cara  José repitió la pregunta: -¿Tienes miedo? ¿Cuanto? -atropellando las palabras al hablar con gran impaciencia.
Girando mi cara a la derecha y dejando de lado su profundo mirar, respondí tratando de imprimir fuerza a cada palabra.
-No, no tengo miedo.
-¿Estas segura?
-Si, claro que lo estoy. -esta vez lo afirmé con voz fuerte, casi gritando.
-¡Pero que imbécil he sido! -dijo echándose para atrás.
-Eso no lo discuto.
-¡Vete! -Exclamó con un vejo de rencor. Y tras unos segundos, añadió-: Supongo que entre más pronto te vayas tardarás menos en regresar a buscarme.
-Supongo que tienes razón, -contesté al tiempo que una sonrisa se dibujó en mis labios.
-Y, ¿Cuando será eso?
-Cuando se me antoje....
-¿Qué es esto entonces? -Cuestionó levantando los brazos para dejarlos caer de golpe en un movimiento desfasado.
-La gente lo llama de diferentes maneras -me apresuré a decir de manera burlona.
-No lo dudo -enfatizó con su voz ronca y llena de especulaciones.

Pasó justo a un lado mío frotándose la frente y antes de empujar la puerta giró sobre sí murmurando palabras extrañas, alcanzando solo a entenderlas cuando decía lo mucho que le dolía, lo quebrado que estaba por dentro.
-No sé de qué me hablas... -le dije mientras me disponía a juntar los cristales del piso.
-Claro que lo sabes, me tendiste una trampa. Me envolviste con tu sonrisa y tus atenciones haciéndome caer en un túnel sin salida. Ahora solo me das largas y nos vemos cuando te apetece ¡A eso me refiero!
No podía creer lo que escuchaba y una ola de fastidio me envolvió haciendome parar de pronto y señalar con rabia, mientras en mis manos sostenian algunas astillas de cristal.
-No me hagas decir lo que no quiero José, si hubiera querido librarme de ti ya lo hubiera echo hace mucho. No estamos como para estas escenas, sabes que no me lió en una relación solo por hacerlo... ¡No me vengas con estupideces sin sentido! ¡No pretendas forzarme! ¿Te queda claro?
-Muy bien... -Giró una vez más empujando la puerta hasta que esta chocó contra la pared dejando caer una leve capa de polvo sobre sus hombros, para luego desaparecer.

Una vez sola sentí un enorme miedo, comencé a temblar mientras encendía un cigarrillo. Me apresuré a limpiar para llegar a tiempo a las cita pactada con mi esposo; habíamos quedado en pasar el fin de semana juntos y ya iba retrasada. Al conducir apresurada no podía dejar de pensar en lo acontecido, aun no entendía el porque de la primera pregunta. ¿Que habrá querido decir? ¿Porque debo tener miedo? No creo que se atreva a delatarme ¡No es posible!

Llegué 20 minutos tarde y me esperaban pacientemente. Tiré mi abrigo sobre el sillón y besé cariñosamente los labios de mi pareja, un beso más que casto... uno que los amantes jamás reconocerían como mío.
Han transcurrido unos días que me alertan del eminente peligro; unas tardes atrás note que un hombre permacecía por largo tiempo parado al otro lado de la acera, mirando, solo vigilando...

Recordé la ubicación del viejo revolver del abuelo, pensé en tenerlo a la mano por si acontece algo desagradable. Su cañón de escasos centímetros hace que lo puedo incluso cargar en el bolsillo del saco.

He tratado de comunicarme con el "ofendido" desde una cabina telefónica y la respuesta ha sido negativa. Como quisiera hacerle desaparecer rápidamente. Empiezan a cobrarme factura los errores en mi vida...

Taun We
02/03-03-'11
Y, el color ¿Existe?

Comentarios

Alexandro dijo…
No entendí algo: que dejó caer él, al abrir los brazos???
Taun We dijo…
No me hagas eso ja..jaa

Pss los brazos...

Sí, parece que resulta confuso. Lo arreglaré pronto.

Gracias Alexandro

Saludos enormes
Alexandro dijo…
Bueno, depende del lector. A la mejor otros sí lo entienden. A mí si me pareció confuso.
Quizá con algo como "cuestionó levantando los brazos, que cayeron de golpe en un movimiento desfasado". Una sugerencia, no más.
Taun We dijo…
Realmente ese fue uno de los comentarios que me hicieron por msn. Creo que ya esta mejor, he tenido que pedir ayuda a mi pareja para cambiarlo. Esta claro que la ortografía no se me da, mejoraré en eso :P

Graxx Alexandro!!!
Carmen Troncoso dijo…
Mmm, me lo he leido de un tiron, me encanto, felicitaciones!!

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