Contoneo


La mire por primera vez una mañana fría, el vidrio que nos separaba estaba empañado por el vapor del café de todos aquellos que nos refugiábamos y tratábamos de despertar para ir a realizar nuestras labores. Unos días después cruzo la calle dentro de aquella tela ceñida a su cuerpo; empujaba algo similar a un carro de supermercado o quizás una carreola, una de las grandes, la verdad es que solo recuerdo el contonear de sus caderas al perderse entre la gente que iba y venia; mi mirada se quedo quieta hasta que se borro de mi vista. No se como sucedió realmente y unos meses después compartíamos una taza de café, justo en aquella mesa donde me encontraba la primera vez.

Ahora su mirada se fija en mi, y me pone un poco nervioso el hecho de saber que soy el centro de su atención. Parece ser muy abierta con todos los que la rodean, nada la intimida y habla mucho, se acomoda el cabello y sigue conversando. Muevo la cabeza en señal de aprobación y no parece incomodarle, continua con su relato. Mis codos descansan sobre la mesa mientras doblo una y otra vez una servilleta, cesando en mi intento solo cuando tomo la taza, con manchas en tonos negros que simulan un vacuno, y doy un pequeño sorbo al liquido caliente. No se como lo logra hacer, es la segunda taza que termina y un par de galletas han espolvoreado la mesa de pequeñas partículas de azúcar y migas.

Me pregunta algo y no entiendo a que se refiere, respondo con otra pregunta y ella contesta sonriente, lanzando una carcajada al aire, como si supiera que solo la acompaño por la irremediable atracción sexual que despertó en mi aquella escena de eróticos movimientos. El solo hecho de pensar en ello hace que mi miembro y mente se inquieten. Comienzo a imaginarla con poca ropa, tal vez un poco de encaje y a media luz. En silencio y solo escuchando los leves murmullos de mi voz... de pronto rechina la silla que la aguantaba y se levanta tomando rápidamente su bolso, voltea a verme y se disculpa por la brusca despedida prometiendo otra salida. Se acerca lentamente, tan lentamente se mueven sus labios rosados hacia mi mejilla que parece que el tiempo se ha modificado solo para que disfrute el primero de muchos besos que deseo conseguir. Se escucha por fin el tronido de sus labios al rozar mi piel e inmediatamente mis ojos se cierran en un acto involuntario y el aroma de su perfume se mezcla en mi interior. El tiempo se estabiliza, solo acato a decir... Nos vemos. Se aleja con grandes pasos mientras su sonrisa se guarda en mi memoria y la campana de la puerta de vidrio pesado suena anunciando su salida.

Taun We



Comentarios

Alexandro dijo…
El erotismo, pues. La cosa está en lo que se oculta, en lo que no se ve.

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